Una crítica al fetiche de la pureza delete marxismo occidental
Los marxistas occidentales1 adolecen en gran medida del mismo mal que aqueja al Jay Gatsby de Scott Fitzgerald: al estar obsesionados por la perfección y la pureza, esto les deja perpetuamente insatisfechos respecto de todo lo que dicen desear. Por un lado, Jay busca volver a la pureza de su primer encuentro con Daisy, pero dado que tal regreso a la pureza es algo imposible, el potencial real para una relación se pierde. Por su parte, los marxistas occidentales ansían una forma pura de socialismo, pero enfrentados a la imposibilidad de tal pureza, ven anulado su potencial para impulsar o defender cualquier revolución socialista. La pureza de cada uno choca con la realidad de que la propia realidad nunca es pura: siempre contiene errores, negaciones, rupturas y divisiones. Jay Gatsby no puede reanudar oficialmente su vínculo con Daisy mientras ella admita haber amado a Tom Buchanan, su esposo, durante el tiempo transcurrido antes de volver a encontrarse con Jay. Esta imperfección, esta negación de la pureza, resulta inaceptable: Daisy debe decirle a Tom que nunca lo amó, para así restablecer la pureza de su primer encuentro. Sin pureza, no puede haber relación. Seguir leyendo →